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lunes, 5 de mayo de 2008

A propósito de Argentina. Capítulo II: Vinos y más vinos, bodegas y más bodegas

Ya no representa ninguna novedad hablar bien del vino del nuevo mundo, de hecho se podría decir que en algunos casos como el de Australia, California, Chile o Argentina, se han alcanzado unas calidades impresionantes. Para descubrirlo no hay más que diseñar unas rutas por las zonas vitivinícolas más importantes del País: Mendoza y Cafayate (en Salta). Si el tiempo ajusta, y ya que el Pisuega pasa por Valladolid, convendría traspasar la frontera para entrar en Chile y probar alguno de sus más que interesantes caldos. Aquí va una opción de visitas de prestigiosas bodegas argentinas y recomendaciones varias sobre los tintos que hemos tenido la ocasión de probar:

1. Mendoza. Esta región limítrofe con Chile, a los piés del Aconcagua (uno de los picos más altos del mundo con 6.920 metros sobre el nivel del mar), es la región productora de vino más importante de Argentina. Si bien en el nuevo mundo las normativas y controles de calidad como los existentes en España mediante el sistema de Denominación de Origen brillan por su ausencia, esta zona se divide en tres subregiones que se reparten la totalidad de las bodegas instaladas en la privincia. La que destaca por encima de las demás es la región Centro, con Maipú y Luján de Cuyo como principales puntos de producción. Los vinos que se componen en toda la provincia abarcan desde pequeñas bodegas tradicionales y de carácter familiar hasta enormes producciones tecnificadas capaces de crear millones de botellas al año. La visita a las bodegas suele ser gratuita, y si hay que pagar por la misma, el precio es ridículo: 25 pesos (5 €) por la guía y la degustación.

Una de las características generales de los vinos logrados en Mendoza es la creación de los mismos en base a la uva Malbec, adaptada formidablemente a las características climatológicas de la zona, que es exportada al mundo como la mejor Malbec jamás lograda. Otras cepas de gran importancia en la producción de los caldos argentinso son las muy conocidas Cabernet Sauvignon, y en menor grado Syrah y Merlot. Los vinos de corte, esto es, los de ensamblaje o coupage, han logrado un equilibrio mágico con la fórmula Malbec-Cabernet Sauvignon, que profundiza la intensidad en color y aroma del Malbec, así como mejora en sutileza a la Cabernet.

A la hora de decidir qué bodega visitar deben tenerse en cuenta varias cosas: la primera que ésta sea una productora que honre el vino. Como ya se indicaba más arriba, las bodegas destinadas a la producción en serie de vino no logran unos stándares mínimos de calidad para un aficionado al vino que se precie. La segunda a considerar es el factor tiempo y distancias a recorrer: en este sentido lo más práctico es alquilar un Remis durante el día entero (no debería pagarse más de 200 pesos por ello, es decir unos 40 €). Este sistema tiene la ventaja de poder estar conectado más rápidamente entre las bodegas y sin temor a desorientarse debido a las no tan buenas indicaciones de entradas a las mismas. En tercer lugar la reserva: en algunas bodegas, sobre todo en las más conocidas, resulta imprescindible hacer reserva. Un mail de contacto con fecha y hora sería suficiente. Por último, dejarse llevar y preguntar todas las curiosidades: según mi experiencia en Mendoza, en la mayor parte de las bodegas, la atención es bastante profesional.

De todas las bodegas visitadas (quede claro que entre las no visitadas había alguna de reconocido prestigio) destacó por encima de todas: Achaval - Ferrer. Se trata de una bodega de tamaño medio y de un enorme prestigio itnernacional, sobre todo en Estados Unidos. Desgraciadamente en España no es facil encontrar sus caldos. Todos sus vinos son de una calidad impresionante. Sus instalaciones muy cuidadas y la atención del personal es excelente. Durante nuestra visita tuvimos ocasión de charlar con Achaval, uno de los socios fundadores de esta bodega de ensueño que produce desde (¡sólo!) 1999. Además, tuvimos la enorme fortuna de realizar una cata vertical con soumilliers brasileños de los más laureados vinos de la casa: Quimera, su vino Corte, en las cosechas 2007, 2006 y 2005; Alta Vista, un Malbec delicado y sutíl, en sus cosechas de 2007 Barrica, 2004 y 2001; Mirador, 2007 y 2002, otro Malbec de tipo afrancesado, elegante y más profundo que el anterior, con ciertos toques minerales; y el más impresionante de todos los vinos que he probado en Argentina, Miardor, Barrica 2007 y el 2004: un vino profundo, intenso, concetrado, muy estructurado que me dejó cautivado. Se trata del tercer 100% Malbec de la casa y sólo cuenta con una cosecha, la de 2004, ya que, según nos contó Achaval, el viñedo, a 1600 metros de altura y con cepas de más de 80 años de vida, sufrió en 2005 una tremenda granizada que destruyó toda la producción a un día vista del inicio de aquella vendimia. Al año siguiente, en 2006, Achaval decidió no forzar a la planta y por tanto no se realizó vendimia con el objetivo de darle el espacio necesario para que las cepas pudieran ofrecer su mejor fruto en 2007... ¡Y a juzgar por la prueba de Barrica realizada, el acierto de dejarla un año de reposo surtió el efecto esperado!. Bellavista es el Malbec con más cuerpo que he probado jamás. Intenso, delicioso. Lástima que los precios de sus vinos no sean para el vulgo. A 390 pesos en bodega (80 €) la botella de cualquiera de sus tres grandes... una lástima. (De todas formas pienso que los valen, si se compara la calidad de esos vinos a escala internacional).

Además de Achaval - Ferrer, cabría destacar Vistalba, y no tanto por sus vinos, sino más bien por la profesionalidad del tour, aunque, dicen, el Corte A (sobre los 300 pesos también) es delicioso. La visita de esta bodega fue, sin duda, la más didáctiva y completa de todas (salvo la experiencia inigualble de Achaval - Ferrer). En Vistalba hacen la vendimia manualmente, realizan la fermentación de sus vinos en unas nuevas instalaciones de cemento con controles de temperatura, realizan los trasvases por decantación, para evitar las alteraciones del bombeado, a la parte inferior de la bodeba, donde en otros tanques de "espera" realizan la fermentación maloláctica y tras ella, son llevados a los toneles de madera de roble frances de medio tostado donde permanecen entre 6 y 18 meses, dependiendo de las uvas y la calidad de la cosecha. Según nos contaron, cada año los cortes para realizar sus mejores vinos (corte A, corte B y corte C) son diferentes en porcentaje e incluso en uvas utilizadas. Las instalaciones son muy modernas y tecnificadas, pero la filosofía de fondo a la hora de elaborar el vino es del todo artesanal.

Sobre las decepciones cabría incluir a Catena Zapata. Desde luego no por la calidad de alguno de sus vinos, sino más bien por lo poco rigurosa y escasamente técnica de la visita. Sin duda son recomendables los vinos de la línea Angélica, e intuyo, pues no pude probarlos por escasez de recursos económicos, que los Estiba y Nicolás, eran realmente sabrosos. No en vano es una de las bodegas más laureadas en Estados Unidos.
Pero no todo en Argentina es Mendoza en cuanto al vino se refiere. En Salta se realizan algunos de los mejores vinos argentinos; fundamentalmente en Cafayate:

2. Cafayate. Tanto el particular terroir como las características extremas de altura de la región de los Valles Calchaquíes, en la Provincia de Salta, hacen de los vinos de Cafayate una experiencia imprescindible. Tanto el recorrido por la extraordinaria quebrada de Cafayate, repleta de fascinantes zonas que recorrer, como la situación de alguna de las bodegas hacen de esta escapada al Noroeste argentino algo espectacular. El pueblo se encuentra situado a unos 1.600 metros de altura y está literalmente rodeado de viñedos y bodegas, facilitando el acceso a pié a muchas de ellas. Los vinos que se producen en esta zona resultan, a mi parecer, más intensos que sus hermanos mendocinos... quizás por la altura en la que crecen las uvas y los contrastes térmicos que se dan en la zona, quizás por las tierras repletas de gigantes cactus. Sea por lo que fuere en Cafayate son imprescindibles las siguientes bodegas: Yacochuya y El Porvenir. La primera es una bodega familiar que produce una de las joyas de la Argentina. En realidad se trataba de la casa de retiro de la familia Etchart, una de las más importantes familias vitivinícolas argentinas que produce vinos de calidad media a gran escala en la entrada de Cafayate, y que guarda en esta pequeña bodega un tesoro asesorado por Michel Rolland. Se trata de un vino de Garage cuidado al detalle mediante un proceso muy artesanal, pero tecnificado, de fabricación (hasta el etiquetado es manual) que hace de sus cepas Malbec centenarias y de Pie Franco situadas a 2.035 metros de altura una maravilla a escala muy reducida. Criado durante 18 meses en barricas nuevas de un solo uso de roble francés se logra explotar las cualidades de una uva, una cepa, una altura y un terroir únicas de una forma asombrosa.

La otra recomendación es Porvenir. Su vino Laborum tiene intensidad y concentración a un buen precio. En Argentina, 50 Pesos. 10 €. Quizás éste se haga un tanto reiterativo, pero no deja indiferente. Es un vino con personalidad.
Finalmente, el recorrido vitivinícola nos condujo a Chile. Desafortunadamente ni el tiempo ni el dinero nos permitieron profundizar todo lo que hubiésemos querido, sin embargo, algo me atrevo a decir...

3. Chile. Chile es el mundo de la Carménère y el Cabernet Sauvignon. La primera es una uva muy similar a la Merlot, y de la segunda cabe decir que en Chile es trabajada de forma magistral. Únicamente tuvimos tiempo de dirigirnos a la zona del Valle Central, con Maipo a la cabeza. Dentro de la zona tuvimos la ocasión de participar de las fiestas de la vendimia de Pirque, región donde se producen los archiconocidos Concha y Toro; bodega de la que destaca su línea Marqués de la Casa Concha y Terruño. Precisamente esa fue la bodega que visitamos junto a nuestra amiga Bárbara y su marido Víctor (que esperan a Andrés...) De esta visita podríamos destacar la posibilidad que ofrece su Wine Bar de probar una de las joyas chilenas. El laureadísimo (y caro) Almaviva, aunque a un precio demasiado elevado por copa. Eso sí, en su tienda era posible encontrar una rareza. EPU, vino producido por los mismos responsables de Almaviva, con uvas extraídas del mismo pago y con el mismo exquisito trato que se le propicia a su hermano mayor, pero sin tanto tiempo de madera (y alguna cosilla menos, intuyo) a un precio muy razonable.

Recomendable también resultó ser Cousiño Macul, que con su excelso Lota y Premium deleitan a cualquiera pero que en su Finis Terrae muestran un vino de corte de primerísima calidad a un precio hiperajustado. Una de las mejores compras del viaje. Como también lo fue The Blend, y el Max Reserva de Errazuriz.

finalizando, no puedo despedirme sin agradecerle nuevamente a Santiago e Inés por la inestimable ayuda que me brindaron estos soumillers y dueños de Casa Coupage, un club del vino - restaurante de Buenos Aires, donde a un precio razonable es posible pasar una fantástica velada hablado de vino y comiendo sin parar. Sin ellos habría sido mucho más complicado descubrir estos fantásticos caldos. Si necesitan algún asesor para descubrir el vino argentino, deben ir a Casa Coupage: el trato afable y amistoso de ambos es casi tan espectacular como la información que pueden proporcionarle.

1 comentario:

daniblanes dijo...

me ha encantado la manera que das forma a tus impresiones, tus vivencias y extremada coherencia de relatos. revisando tus vivencias contadas desde el más puro sentido de la humildad,
solo puedo notar unas irresistibles ganas de probar esos oníricos espácios, y a la vez paradisíacos mundos de la argentina desternillante.
un abrazo infinito