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martes, 11 de septiembre de 2012
Paz en Colombia
martes, 17 de enero de 2012
Tensiones entre modelos de desarrollo en los procesos de construcción de los Marco de Asociación País (MAP): el caso de Colombia.
¿Qué es el MAP?
El Marco de Asociación País (MAP) se constituye como el instrumento base de relación entre los estados receptores de ayuda al desarrollo y el estado español. En esencia se trata de la formalización de un acuerdo interestatal, en el que se recogen las principales líneas estratégicas y el contenido específico de las políticas de desarrollo que la Cooperación Española implementaría a lo largo de los siguientes años.
Este instrumento, promovido por el III Plan Director de la Cooperación, busca profundizar y orientar de manera más eficaz y eficiente la política de desarrollo concreta a implementar en los estados receptores, siendo su contenido director y definidor de las políticas a seguir por las ONGDs que se financien con los fondos puestos a disposición por la AECID.
Metodológicamente, el proceso de construcción del MAP, parte de un análisis previo a modo diagnóstico de la situación, que es elaborado por la propia OTC. Con base en éste, se conforma una Nota Concepto que recoge la primera propuesta de contenido del MAP. Esta nota concepto, tras ser supervisada y validada por la DGPOLDE, es sometida a debate tanto con la sociedad civil del país receptor, las instancias de la administración y las estructuras de gobierno pertinentes, como con el resto de actores definidos por la cooperación española.
Con la presentación de dicha nota concepto y la conformación del grupo estable de coordinación (integrado por una representación de ONGDs españolas, cooperación descentralizada, representación empresarial, la OTC y la Embajada) se pone en marcha la primera fase de debate, que concluye con el documento estratégico de contenidos de Cooperación, que servirá de base para la firma con el Gobierno del país receptor.
Tensiones no resueltas en el proceso de construcción del MAP España - Colombia. La conveniente alineación de la Cooperación española a las políticas del Presidente Santos.
El fondo político y estratégico del MAP Colombia, no ha sido sometido a reflexión colectiva. El mandato MAP, que obliga alinear las políticas de la Cooperación a las estrategias de desarrollo del país receptor, ha sido sistemáticamente interpretado como un sometimiento a las apuestas gubernamentales reunidas en el Plan Nacional de Desarrollo (PND). La incoherencia, se encuentra instalada en el seno de un proceso oficialmente destinado a que las decisiones estratégicas se constituyan como el producto de un debate colectivo basado en el diálogo con todos los actores, siendo la práctica con la que se ejecuta dicho proceso, fundamentalmente orientada a recabar respaldos a lo definido previamente, en consonancia con las posturas oficiales del gobierno receptor y emisor de ayuda.
La apuesta por parte de la Cooperación Española por un Sector clave para Colombia llamado "Crecimiento Económico para la Reducción de la Pobreza", es un claro ejemplo. La inclusión de este sector como parte del MAP fue duramente criticada por parte de numerosas ONGDs, dado el acento marcadamente economicista del mismo, y lo contradictorio de apostar por el crecimiento económico en un país cuyo incremento del PIB anual es superior al 5%, siendo por detrás de Haití, el país más desigual de América Latina, con una de las más enconadas tasas de concentración de la tierra en pocas manos.
En dicho contexto, sin embargo, el MAP España - Colombia, se decanta por el fortalecimiento de una política de cooperación orientada a impulsar la creación de pequeñas o medianas empresas y la competitividad, por encima de políticas destinadas a fomentar la redistribución fiscal o la Soberanía Alimentaria de las comunidades, como se reclama desde la sociedad civil colombiana (por ejemplo, en el Congreso Nacional de Tierras Territorios y Soberanías celebrado recientemente y que reunió a 15.000 delegados de diferentes movimientos sociales populares, sectoriales de toda Colombia).
El apoyo de la Cooperación Española a las estrategias neoliberales del Presidente Santos, se refleja en un borrador MAP, que toma como orientador al PND, y apoya las Leyes de Tierras y Víctimas, así como a los procesos de Desmovilización Desarme y Reconciliación (DDR) para paramilitares, Justicia Transicional, e incluso la propuesta de Desarrollo Rural recientemente presentada. Herramientas todas ellas básicas en la estrategia del ejecutivo colombiano mediante la cual lavar su imagen internacional, restituyendo 2 millones de ha. de tierras y reparando a parte de las víctimas del conflicto armado, con el objetivo de atraer mayor Inversión Extranjera Directa en materia agroindustrial exportadora, extractiva minero-energética, y macroproyectos de infraestructuras de comunicación.
El incondicional apoyo a estas iniciativas, corre el peligro de legitimar el despojo de tierras, profundizar en las aberrantes cifras de impunidad, y contribuir a la expansión de un modelo de desarrollo economicista basado en la maximización de los beneficios, la expansión y acumulación de capitales y la explotación de los recursos humanos y ambientales, generador de más inequidad social, violación de DDHH y desplazamiento. En esencia, dados los siguientes motivos:
1. El respaldo al PND, la Ley de Tierras y la propuesta de Desarrollo Rural, supone apoyar un modelo de restitución de títulos de tierras que en la práctica, obliga al restituido a vincularse a los proyectos agroindustriales instalados ilegal e ilegítimamente en dichas tierras, violentando su derecho al libre uso y disfrute, formalizando de esta manera la legalización del despojo, y contribuyendo a la proletarización del campesinado.
2. El apoyo explícito dentro del MAP a programas de DDR y Justicia transicional ha sido un asunto fuertemente criticado por parte del colectivo de ONGDs españolas, en repetidas ocasiones, y de manera unánime. Sendas iniciativas heredadas del Gobierno de Uribe, no han sido fruto de un genuino proceso de construcción y negociación para la paz y no han estado dirigidas a garantizar la justicia, la verdad y la reparación integral para las víctimas de violaciones de derechos humanos, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra. De hecho, estos procesos, han contribuido a agudizar la crisis de DDHH de Colombia y la impunidad reinante, como lo demuestra el hecho de que las estructuras paramilitares no sólo continúan activas en la actualidad, sino que incluso han multiplicado su número y presencia en el territorio colombiano; así como que al amparo de la Ley de Justicia y Paz, únicamente han sido dictadas 4 sentencias en 6 años de vigencia, de las cuáles sólo una de ellas lo es en firme.
3. La apuesta dentro del MAP Colombia - España por el fomento de Alianzas Público-Privadas (APP) y la Responsabilidad Social Corporativa (RSC), supone en la práctica, un enorme riesgo para la población más vulnerable y el reconocimiento de sus derechos.
Por un lado, por ejemplo, a través de la mercantilización del Agua que se concreta mediante la alineación con los Planes Departamentales de Agua (PDA) propuestos por el Gobierno colombiano, y que implica la privatización del servicio, abriendo de paso la puerta a empresas españolas para la prestación del mismo vía APP, desconociendo la gestión de acueductos comunitarios y vulnerando el derecho fundamental al Agua[1].
Por otro lado, explicitando un apoyo a la Responsabilidad Social Corporativa desde un modelo de crecimiento inclusivo[2], que considera "la iniciativa empresarial el mecanismo fundamental para hacer a la población pobre partícipe en la generación de riqueza y de empleos mediante la actividad económica"[3], y que en última instancia, no sólo no combate de raíz la causa de las injusticias, atropellos y desigualdades sociales del sistema neoliberal, sino que además, profundiza en las mismas, ¡otorgando un espacio en la definición de las políticas de cooperación a las propias causantes de muchas de dichas desigualdades, injusticias y atropellos!: ¿acaso en Colombia, no se ha podido constatar que las transnacionales han violado y siguen violando los Derechos Humanos, desplazando comunidades de sus territorios, han contribuido al incremento de los conflictos sociales con las comunidades afro, indígenas y campesinas, han vulnerado el principio de consulta previa contraviniendo la ley colombiana y sus acciones han tenido y siguen teniendo un impacto irreversible sobre el medio ambiente, han desconocido los derechos de los trabajadores al prohibir implícita o explícitamente la sindicalización, han contribuido y siguen contribuyendo a la precarización de los Derechos Laborales mediante el uso de la contratación terciarizada, han incrementado las tarifas de los servicios públicos que gestionan, contribuyendo al incremento de la inequidad, han puesto en peligro y continúan poniendo en peligro los Derechos Humanos al presionar e incluso forzar la privatización de sectores estratégicos para los estados y sus pobladores, como es el caso del sector energético o el agua?
La apuesta por un modelo innegociable, jerárquico e impuesto de desarrollo inclusivo, choca frontalmente con la consideración de un Tercer Sector como espacio alternativo a la lógica del mercado libre a ultranza, ajeno a la maximización del beneficio y al retorno de las inversiones, sin ánimo de lucro. Comprometido en la causa de forjar activa y participativamente un proceso de construcción de un marco de acción política, económica y social capaz de fomentar la potenciación de las necesidades humanas de manera integral y holística. Capaz de aportar fórmulas convivenciales a escala micro, meso y macro, cuya implementación signifique la atención de las necesidades humanas de manera recursiva e igualitaria para tod@s.
La tensión latente en el proceso de construcción del MAP Colombia - España (y en general de todos los procesos MAP anteriores), responde a la lucha existente entre modelos de desarrollo incompatibles. Una política de Cooperación al Desarrollo que potencie un espacio de reflexión y acción por otro mundo posible, necesario e imprescindible, dispuesto a denunciar los abusos de los unos sobre los otros, dispuesto a dotar de fortaleza y visibilidad a los débiles en su lucha contra aquellos que vulneran sus derechos, y dispuesto a trabajar por un futuro que beneficie a tod@s y no sólo a unos pocos, choca frontalmente contra un modelo de desarrollo vinculado al crecimiento económico, la mercantilización del agua, y el apoyo implícito a las lógicas de maximización de beneficios, acumulación y expansión de capitales, camufladas en estrategias de Responsabilidad Social Corporativa y Alianzas Público Privadas.
La propia incorporación como actores de desarrollo en los procesos de definición del MAP, de las empresas españolas, la Cámara de Comercio u otras instancias con ánimo de lucro e intereses irrenunciables, implica la incorporación de actores y toma en consideración de posturas contrarias a las políticas de desarrollo a escala Humana[4] y sin ánimo de lucro que debería defender la Cooperación española, y que numerosas ONGDs entendemos como guía de nuestro accionar.
Por ello, a pesar de la realización de numerosas reuniones sectoriales nacionales e incluso regionales promovidas por la OTC para dotar de contenido al MAP, lo cierto es que éste, dista mucho de ser resultado de un proceso de deliberación colectivo. El resutado actual del MAP, pese a las buenas voluntades de la OTC, no obedece a planteamientos emancipatorios, equitativos y redistributivos de la riqueza, sino todo lo contrario.
[1] Si bien la OTC, ante las propuestas realizadas por PcD y la Sociedad Civil colombiana, ha habilitado una línea concreta de apoyo (aún por definir) a las prácticas participativas comunitarias de gestión integral de cuencas hidrográficas.
[2] Basado en las consideraciones del capitalismo inclusivo inspiradas por Prahalad, (2005). "La fortuna en la base de la pirámide: Cómo crear una vida digna y aumentar las opciones mediante el mercado", 2005. Granica, Barcelona.
[3] Según puede observarse en los FAQ de la Web del Ministerio de Asuntos Exteriores: http://www.maec.es/es/MenuPpal/CooperacionInternacional/Publicacionesydocumentacion/Documents/2010_FAQ1_MAP.pdf y http://www.maec.es/es/MenuPpal/CooperacionInternacional/Publicacionesydocumentacion/Documents/2010_FAQ2_MAP.pdf
[4] MAX NEEF: "desarrollo a escala humana", 1994. icaria. Barcelona.
sábado, 3 de diciembre de 2011
Tierras en Colombia, el giro de la política del gobierno Santos.
El giro que plantea la política del gabinete Santos, que tanta legitimidad internacional le está reportando gracias al desarrollo de las Leyes de Víctimas y de Restitución de Tierras, responde a la intención de multiplicar la Inversión Extranjera Directa en negocios "legales y legítimos" asociados a la industria minera extractiva, la industria forestal y la agroindustrial.
Para ello, el ejecutivo ha diseñado un ambicioso plan de incentivos económicos, reformas institucionales y de carácter jurídico, incluyendo en este apartado las arriba mencionadas leyes, junto a la firma de Tratados de Libre Comercio para la protección y promoción de la inversión.
Las sistemáticas revisiones del Estatuto de Inversión Extranjera de 1990 han facilitado al ejecutivo la creación de la cláusula de igualdad respecto a las inversiones nacionales, así como la inclusión de figuras legales tales como el "trato de nación más favorecida", por el cual un país firmante de unas determinadas condiciones se podría beneficiar de las mejoras reflejadas en la firma de otro acuerdo con una nación diferente; amén de las portentosas desgravaciones fiscales que se han mantenido e intensificado para los grandes capitales.
Junto a estas fórmulas de incentivo económico, el gobierno Santos ha promovido el fortalecimiento de un marco jurídico al servicio de las inversiones extranjeras, promoviendo nuevas leyes y firmando TLCs, que comprometen al estado colombiano a garantizar la seguridad de las inversiones, incluso militarmente. No en vano, fuentes del ministerio de defensa, reconocen que alrededor de un 30% de militares se encuentran destinados al cuidado de las IED. Y ello, sin desconocer la existencia de ejércitos propios de transnacionales, a menudo, vinculados a organizaciones paramilitares.
Este desarrollo normativo se institucionaliza con la creación o/y promoción de diferentes Agencias Nacionales, dependientes directamente de Presidencia y sin presencia alguna del poder legislativo o la participación de la sociedad civil.
El marco de promoción de la IED, en el que se plantea aumentar las zonas de explotación agroindustrial y forestal a 12 millones de Ha., la explotación petrolífera a 38 millones y la minera a 11 millones, requiere un nuevo ordenamiento territorial bajo la perspectiva de la acumulación del capital que hace imprescindible aclarar los derechos de propiedad para legalizar y legitimar este modelo de desarrollo basado en la reprimarización financiarizada de la economía colombiana.
El ingreso a los flujos financieros globales promoviendo la entrada de capitales de empresas transnacionales a Colombia, incentivando el movimiento en el mercado de las tierras, e incluso favoreciendo las dinámicas especulativas en torno a los valores en bolsa de las distintas corporaciones (gracias a los mercados de futuro por la obtención y la puesta en juego de los títulos de explotación de recursos) implica, necesariamente, construir un escenario legal, capitalista, neoliberal, legítimo. Un escenario diferente al estado parapolítico y caciquil propuesto por el antecesor de Santos, aunque igualmente injusto y tenebroso.
En dicho marco deben leerse los anuncios de las Leyes de Restitución de Tierras y Víctimas, así como la futura Ley Agraria y de Desarrollo Rural que se encuentra en debate en el seno del gobierno en estos momentos, y que plantea la creación de un Consejo Nacional de Tierras, dependiente directamente de Presidencia y responsable del ordenamiento de usos del suelo rural. Es decir, de la definición del espacio y la propiedad del mismo: la decisión unilateral de a quiénes, cuánto y en qué condiciones se restituirá la tierra, atendiendo a las necesidades de los inversionistas en primera instancia (pues ahora la Ley así lo establece). Y para muestra, un botón:
La distinción que se establece entre titularidad de la propiedad de la tierra y derecho de superficie, en última instancia permite el disfrute, por parte del superficiario, del usufructo de la tierra pese a no poseerla, obligando al titular de ésta a someterse al negocio rural que el titular del derecho de superficie posea.
Este cambio de rumbo en la política de desarrollo rural tiene sus consecuencias directas en el modo de abordar el tema de las Zonas de Reservas Campesinas, las zonas Afros o los Resguardos Indígenas. Mientras que Uribe era completamente contrario a promocionar Zonas de Reserva Campesina, Santos promueve estas fórmulas, habiendo dejado atado anteriormente el marco institucional y normativo que posibilitará legalizar y legitimar el despojo: haciendo uso a su vez de una estrategia de cooptación de las organizaciones de base y titulares de la propiedad de la tierra, reconvirtiendo a estos pequeños propietarios en socios o trabajadores del consorcio agroindustrial, forestal o minero-extractivo, bajo la lógica del capitalismo inclusivo.
De paso, promoviendo Zonas de Reserva Campesina, Afros y Resguardos Indígenas, en tierras reclamadas por cada uno de los colectivos para sí mismos, incentiva la creación de conflictos interétnicos por la titularidad de la tierra.
La perversidad del giro de la política de Santos, no sólo reside en la apuesta por un modelo de crecimiento económico que únicamente beneficia a unos pocos, también mantiene intactas las estructuras narcoparamilitares tradicionales.